Derecho y literatura
La literatura y el derecho suelen cruzar sus caminos. Ese encuentro sirve muchas veces en las aulas para que la enseñanza de las leyes pueda utilizar medios no tradicionales. Por ejemplo, si se trata de la habilitación de un balneario municipal en la costa marítima o fluvial y de la revocación de aquélla por razones sanitarias en plena temporada de vacaciones, se podría aplazar el estudio de las normas de procedimiento y de la jurisprudencia vigente e invitar a los estudiantes a leer una breve obra de teatro del escritor noruego Henrik Ibsen (1828-1906). Se trata de Un enemigo del pueblo (1882) cuya lectura, probablemente, despertará cuestiones y debates difíciles de levantar con la sola ley de procedimiento administrativo en mano.
Una pequeña ciudad de la costa sur de Noruega goza de gran prosperidad gracias a un balneario que atrae gran cantidad de turistas y, con ello, ganancias al municipio. El doctor Thomas Stockmann es un empleado del balneario y solicita unos análisis sobre el estado de las aguas. Éstos determinan que están contaminadas y que son peligrosas para la salud. Por este motivo le informa la situación a Peter Stockmann -su hermano y alcalde de la ciudad- con la convicción de que intervendrá para solucionar el problema. El periódico local –el Mensajero del Pueblo– y una poderosa organización vecinal –la Sociedad de Propietarios- ofrecen su ayuda al doctor para hacer público su descubrimiento. El doctor agradece este gesto y posterga cualquier acción hasta hablar con su hermano. Pero, contrariamente a lo que esperaba, el alcalde considera improcedente cerrar el balneario para llevar adelante las obras de limpieza. Sostiene que ello generaría enormes pérdidas y, con ello, comenzaría la ruina de la promisoria ciudad. También le reprocha su afán de protagonismo y su irresponsabilidad cívica. Los periodistas y las fuerzas políticas que le habían manifestado su apoyo a Thomas Stockmann cambian abrupta y radicalmente de opinión y se lo retiran. Ahora apoyan al alcalde y lo abandonan. Sólo un vecino mantiene su apoyo y le ofrece ayuda para que pueda dirigirse al pueblo libremente y explicar la situación del balneario. A tal fin se reúne una asamblea en el municipio en la que se difundiría el informe sobre el estado de las aguas y se explicarían las medidas que deberían tomarse. El alcalde declina presidir la asamblea en la que expondría su hermano. Pero esta reunión y sus finalidades informativas cambian durante su desarrollo. Se torna virulenta y agresiva contra el doctor y su familia. Los gritos, los insultos, las amenazas ganan espacio. Los vecinos –aparentemente manipulados por los políticos y periodistas- proclamaron “por todos los votos, salvo por el de un hombre inconsciente, esta asamblea de ciudadanos ha declarado al médico del balneario, doctor Thomas Stockmann, enemigo del pueblo”.
No debe perderse de vista que la obra fue escrita en 1882. El discurso científico es silenciado en una asamblea de vecinos que no permitieron o no quisieron conocer los hechos y su valoración técnica a la luz de las pautas de la época. La ciudadanía parece manipulada por los intereses de los propietarios y de los medios de comunicación. La verdad científica se enfrenta a los intereses económicos que prosperan. La desinformación gana la partida y el voto en la asamblea se sostiene en las emociones provocadas. Un enemigo del pueblo es un drama vivo en nuestro tiempo. Si el lector ha llegado hasta aquí en busca de información jurídica siga a Ibsen. Encontrará más que eso.