
Ayer ingresábamos al aula con una nutrida carpeta con copias de artículos, leyes, sentencias, capítulos de libros. Escogíamos entre los estudiantes un depositario -fiel- que nos asegurase la devolución de un material que había sido compilado, literalmente, durante años. Cuando cedíamos la rústica carpeta roja, el estudiante escuchaba nuestras recomendaciones de cuidado, análogas a las hubiera recibido en casa de sus padres. Lo importante era que supiera la relevancia que le atribuíamos al hecho y que comprendiera, de primera mano, las obligaciones que pesaban sobre un depositario… En la semana esa carpeta pasaría de mano en mano, de fotocopiadora en fotocopiadora y volvería a nuestro poder. Ese ritual acompañó durante años nuestra tarea docente.
Un día, no sin pesar, pusimos fin a esta ceremonia. Resolvimos inaugurar una página en la web. Le asignamos un nombre –Fragmentos– que denotara que sólo se alcanza una parte y no el todo. Transferimos el contenido de aquella carpeta, mejorada y actualizada. Incorporamos nuestros apuntes para las clases que podían resultar útiles. También comprendimos todas las ventajas que ofrece esta modalidad y aprovechamos algunas de ellas. Breves notas o comentarios podían difundirse periódicamente. La comunicación podía ser más dinámica. Las redes sociales podían complementarla. Y así lo hicimos.
Al cabo de un tiempo breve, este sitio dirigido a los estudiantes de las universidades argentinas nos sorprende con sus resultados. La página ha sido visitada 100.000 veces. El sistema de estadísticas también evidencia que de todos los países de América Latina, muchos estudiantes ingresaron en búsqueda de algún contenido. Celebramos con esta publicación una noticia, para nosotros, extraordinaria.