Sobre derecho y literatura
1. La función de los jueces en una sociedad democrática, su independencia y remuneración, las denuncias y procesos judiciales para perseguir a enemigos políticos. No es difícil encontrar estos asuntos en el debate político contemporáneo, en la producción académica, en la discusión en las aulas universitarias. Pero tampoco es difícil hallarlos si se echa una mirada a la historia, algo lejana, quizás.
Aristófanes (450-388) presentó a un concurso celebrado en el año 422 antes de nuestra era, su obra Las avispas que obtuvo el primer lugar. El autor, nacido en Atenas, es considerado uno de los grandes autores de comedias de la historia de la literatura y sus textos–sobreviven sólo once comedias- se han seguido leyendo, representado y discutiendo a lo largo de los siglos.
2. La obra satiriza el sistema judicial existente en Atenas. Para entonces el gobierno estaba liderado por Cleón que se había enfrentado con Pericles. Dos fuentes se refieren a él: Tucídides y Aristófanes. Pero hay que tomar sus dichos con cierto cuidado pues ambos habían sido perseguidos por aquél. El primero, incluso, había sufrido el destierro. Puede, sin embargo, darse por cierto que se trató de un político y militar relevante, que tomó activa participación en la Guerra del Peloponeso. Dispuesto a dominar la escena política de su tiempo tampoco escapaba a influir en las resoluciones de otros actores, incluidos los jueces.
La de Atenas era una sociedad apasionada por los litigios. La organización y el funcionamiento de los tribunales supera ampliamente los fines de esta nota, pero habrá que tener presente que estaban compuestos por un variable número de ciudadanos y que sólo se requería tener más de 30 años y estar en ejercicio pleno de los derechos cívicos. Los procesos constituían en sí mismos espectáculos públicos en los que se presenciaba un auténtico duelo verbal. Aristófanes pinta a Atenas como un nido de pleitos. No deja de ser curioso que existiera una palabra -traducida como sicofantas– que designaba a una suerte de denunciadores profesionales -en tanto percibían una remuneración por dicha tarea- que solían sobornar a testigos, falsificar documentos, etc. Oficio nacido en Atenas se trasladó luego a Roma. Las sociedades contemporáneas pueden rastrear aún algunas de esas antiguas prácticas.

Esta breve explicación viene a cuento para dar marco al argumento de la comedia. Filocleón –literalmente el que ama a Cleón- estaba dominado por una auténtica compulsión para ser juez. No pensaba en otra cosa que actuar como tal y en condenar. La doble pulsión que gobernaba su vida era participar en los juicios y aplicar impiadosas condenas. Uno de sus sirvientes lo describe así: “Mi amo está loco por ser juez. Le gusta infinitamente el tribunal. Si no se sienta en el primer escaño se pone furioso. Y ni duerme siquiera. Por la noche está soñando en que va a dar el fallo y apenas pestañea cuando mira el reloj de agua que está midiendo el tiempo”.
Su hijo Bdelicleón –el que odia a Cleón- está convencido del mal que aqueja a su padre y con el fin de curarlo, lo encierra en su propia casa, al cuidado de dos esclavos. Una mañana, al romper el alba, los amigos de Filocleón –también jurados- pasan para llevarlo con ellos al tribunal y procuran que escape de su encierro. Bdelicleón se interpone y, finalmente, consigue que su padre lo escuche.
Bdelicleón: Claro está, como que te has acostumbrado a ello; pero si puedes callar y escuchar con paciencia lo que te digo, creo que te demostraré cuán engañado estás.
Filocleón: ¿Que yo me engaño cuando juzgo?
Bdelicleón: ¿Pero no estás viendo cómo se burlan de ti esos hombres a quienes rindes culto y adoración? ¿Que no eres más que su esclavo?
Filocleón: ¡Esclavo yo! Yo, que mando a todo el mundo.
Bdelicleón: No lo creas; te haces la ilusión de que mandas y eres un esclavo.
Docentemente le explica a su hijo:
Filocleón: Empezaré por probar desde las primeras palabras que nuestro poder no es menor que el de los reyes más poderosos. Pues ¿quién más afortunado, quién más feliz que un juez? ¿Hay vida más deliciosa que la suya? ¿Existe algún animal más temible, sobre todo si es viejo?
La respuesta no es menos contundente:
Bdelicleón: ¿No es esclavitud, y grande, el ver a todos esos bribones y a sus aduladores ejerciendo las principales magistraturas y cobrando sueldos soberbios? ¡Tú, con tal que te den los tres óbolos, ya estás tan contento!
El coro –cuyos integrantes aparecen vestidos como avispas para infligir el castigo- se convence de la razón de éste último. Filocleón, sin embargo, se resiste a abandonar sus funciones y su hijo le propone –aunque parezca disparatado- actuar de jurado en su propia casa. El primer caso lo enfrenta con su perro –Labes- que ha robado un trozo de queso y que es sometido a un hilarante proceso casero que finaliza en la absolución. La primera que el rígido Filocleón decretó en su vida…
3. La lectura de los problemas jurídicos desde otras disciplinas enriquece su comprensión. No es novedad que la literatura es una de ellas. En los Estados Unidos de Norteamérica existe un importante movimiento denominado Law and Literature que ha desarrollado todo un andamiaje de revistas especializadas, congresos universitarios y conferencias en torno al tema. En nuestro país también se registra un creciente número de contribuciones.
Tal como enseña François Ost –El reflejo del derecho en la literatura– la relación entre derecho y literatura se puede entender, al menos, desde tres distintas dimensiones. Primero, el derecho de la literatura, una perspectiva que normalmente ha sido reservada para los abogados. Bajo esta perspectiva se pueden analizar la libertad de expresión que gozan los autores, la historia jurídica de la censura, las demandas que surgieron a propósito de obras que, en su tiempo, fueron consideradas como escandalosas. Se pueden hacer comparaciones entre sistemas de marcas y de derechos de autor, se puede estudiar desde la regulación de bibliotecas públicas hasta los programas escolares o las políticas de subsidios editoriales.
Una segunda perspectiva puede ser el estudio del derecho como literatura. En este caso, se puede considerar la retórica judicial y parlamentaria; se puede estudiar el estilo particular de los abogados, un estilo que es a la vez dogmático, tautológico y performativo. Se pueden comparar métodos de interpretación entre textos literarios y textos jurídicos. Por último, el derecho en la literatura. Desde luego no se estudia el derecho técnico, aquel que se encuentra en los diarios oficiales, en los tratados y en las doctrinas. El derecho que se busca en la literatura es el que asume las cuestiones más fundamentales a propósito de la justicia, del derecho y del poder.
4. Estas páginas no son un análisis del texto de Aristófanes. Sólo aspiran a aguijonear a los lectores –a los más devotos de las obras jurídicas puras- para que se acerquen a él. Este ateniense ponía en boca de los jueces de entonces esta advertencia: “veréis que nos asemejamos a las avispas en nuestro estilo de vivir” y “cuando se nos irrita no hay animal más colérico e intratable”. Probablemente sea un retrato que perdura.
El texto de Las avispas de Aristófanes.
Algunos estudios vinculados con la obra que pueden resultar de interés: a) «Los alcances de la crítica contra la justicia ateniense en la comedia Avispas de Aristófanes» por María Jimena Schere ; b) «El aguijón de Aristófanes y la moralidad de los jueces» por Guillermo Lariguet.